El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, criticó duramente al mandatario salvadoreño, Nayib Bukele, por aceptar la deportación de ciudadanos venezolanos desde Estados Unidos y encerrarlos en la megacárcel de El Salvador. Maduro calificó esta acción como una violación a los derechos humanos y comparó la prisión con un “campo de concentración”.
“Los metieron esposados de manos y piernas sin decirles dónde iban. Cuando llegaron a El Salvador, los bajaron a garrote, a palo, los humillaron, los tiraron al piso, les cortaron el pelo y los raparon. ¿Eso se llama justicia? ¿Eso se llama derechos humanos? No, eso se llama fascismo y nazismo”, expresó el mandatario venezolano en un discurso televisado.
Maduro también anunció que su gobierno está listo para denunciar internacionalmente lo que considera “una violación masiva de los derechos humanos contra los migrantes trabajadores y nobles en Estados Unidos”. La Cancillería de Venezuela, en respuesta a estos eventos, ha instado a sus ciudadanos a evitar viajar a territorio estadounidense.
Una ley de 1798 usada para justificar las deportaciones
La mayoría de estas deportaciones han sido realizadas bajo el amparo de una antigua legislación estadounidense conocida como la Ley de Enemigos Extranjeros, promulgada en 1798. Dicha norma permite al presidente de EE.UU. ordenar la detención y deportación de extranjeros considerados una amenaza para la seguridad nacional en tiempos de guerra. Esta ley no había sido aplicada desde la Segunda Guerra Mundial, cuando se utilizó para deportar ciudadanos de ascendencia japonesa.
Ante esto, el gobierno de Maduro tachó la aplicación de la ley como “anacrónica y violatoria de los derechos humanos”. En un comunicado oficial, el Ejecutivo venezolano declaró: “La República Bolivariana de Venezuela rechaza de manera categórica y contundente la proclama del gobierno de los Estados Unidos, que criminaliza de forma infame e injusta a la migración venezolana, en un acto que evoca los episodios más oscuros de la historia de la Humanidad, desde la esclavitud hasta el horror de los campos de concentración nazi”.



